La iglesia católica es injustamente señalada casi todos los días, por tirios y troyanos, como la fuente del abuso sexual de infantes cometido por representantes de la organización, con la clara intención de desacreditarla y exponerla como una iglesia con una gran representación de sacerdotes pedófilos.
Los curas deben ser eliminados permanentemente del sacerdocio y enviados a la cárcel como cualquier criminal, porque son criminales y no otra cosa. Pero, ¿la Iglesia Católica? Es como si se enviara a la cárcel a una familia entera porque uno de sus miembros resultó ser homosexual y pederasta.
Quedan casi en la oscuridad, los valores positivos que defiende y promueve la Iglesia contra viento y marea: el valor de la vida humana, la familia, los derechos de las personas, la paternidad responsable, la fidelidad, la castidad, la virginidad, el ecologismo, la sexualidad integradora, la solidaridad, la propiedad, la trascendencia, la fe en Cristo, el ecumenismo, la teología de la salvación, la religiosidad popular, la enseñanza religiosa, el desarrollo de los pueblos, la paz universal, la promoción de la mujer, la libertad, la igualdad y fraternidad de todos los hombres como hijos del mismo Dios y Padre, etcétera…
¿Y los católicos, qué hacemos?
Los católicos no debemos permitir que se siga atacando nuestra iglesia impunemente por medios de comunicación de masas como los vespertinos suecos Aftonbladet y Expressen y muchos más en otros países, cuyo objetivo es y ha sido siempre, destruir nuestra iglesia.
¿Qué no se han dado cuenta los que leen los diarios, ven la televisión y escuchan la radio, que lo que se ha venido haciendo contra nuestra iglesia, no es más que una campaña bien orquestada que viene desde los tiempos del nacimiento del nazismo, en la Alemania que produjo el Holocausto?
Para que la iglesia renazca, no hay más que echar los cristianos a los leones, quienes en la actualidad son más feroces y rugientes que los de los tiempos de los romanos: TV, radio, prensa, … dirigidos por los Herodes y Fariseos de todos los tiempos.
Sin embargo, los católicos permanecemos impávidos ante la situación y esperamos, con la fe que nos caracteriza, que Dios intervendrá y que el Vaticano dejará de ser medroso, tímido, apocado y agarrará al toro por los cuernos en defensa de la iglesia, no en defensa de los curas pederastas que cometieron abusos sexuales contra niños y niñas dentro de su esfera de influencia. Repito: en defensa de la Iglesia Católica.
¿Y cuál es el pecado de la Iglesia, pregunto yo? La periodista Lucetta Scaraffia explicó hace un par de años que la mala imagen que con frecuencia los medios proyectan de la Iglesia Católica se debe a que ésta es la “única institución importante que se opone razonablemente a prácticas y procedimientos contrarios a la dignidad de todo ser humano”.
¿No lo creen?
En 1937, el entonces Ministro de Propaganda de Adolfo Hitler, Joseph Goebbels, para desacreditar a la Iglesia Católica después de una severa crítica que el Papa Pío XII hizo contra el régimen nazi, en un furibundo discurso dijo:
“Hay casos de abuso sexual que surgen a la luz todos los días contra un gran número de miembros del clero católico. Desgraciadamente, no se trata de casos individuales, sino de una crisis moral colectiva que posiblemente la historia cultural de la humanidad no haya conocido antes y con una dimensión aterradora y desconcertante. Muchos prelados y religiosos han confesado. No hay duda de que los miles de casos que han llegado al sistema judicial, representan únicamente una pequeña fracción del verdadero total, debido a que muchos agresores han sido cubiertos y escondidos por la jerarquía.”
El discurso, que tuvo un gran eco internacional, fue la cúspide de una campaña lanzada por el régimen nazi para desacreditar la Iglesia Católica involucrándola en un escándalo de curas pedófilos.
Doscientos setenta y siete religiosos y cuarenta y nueve curas en diferentes diócesis alemanas fueron arrestados en 1937 con el fin de mantener el escándalo en la primera página de los diarios.
Ese año, el jefe del servicio de contra espionaje del ejército alemán, era el Almirante Wilhelm Canaris. Gradualmente se convirtió en anti nazi y en ese tiempo maduraba los planes que condujeron al fallido atentado contra Hitler en 1944, por lo que fue colgado en 1945.
Canaris desaprobó la maniobra de Goebbels contra la Iglesia Católica e instruyó a un abogado católico de nombre Josef Müller para que llevara una serie de documentos secretos a Roma que mostraron al Papa Pío XII las falacias de Goebbels y sus sórdidos intentos contra la Iglesia.
Mientras el escándalo se ha extendido a un número de países europeos, incluyendo Austria, Holanda, Suiza y Alemania, algunos prelados han arremetido contra los medios, acusándolos de hostiles e injustos. Algunas voces empiezan a escucharse, como la del obispo irlandés Christopher Jones, quien dijo: “El encubrimiento ha venido sucediendo por siglos, no únicamente en la iglesia. Se hace actualmente en las familias, en las comunidades, en las sociedades, en el deporte. ¿Por qué se destaca a la Iglesia Católica?
¿Y los católicos, qué hacemos?
Otro prelado, el alemán Gerhard Ludwig Müller, de Regensburg, Alemania, calificó la situación como una campaña contra la Iglesia Católica en los medios de comunicación de masas y acusó a los periodistas de reportar tendenciosamente. “Ellos (los medios) están manipulando a la gente que se sienta frente a la televisión o abre un diario con sus distorsionados y acortados informes.”
Recientemente, el presidente del Colegio de Abogados Católicos de México (CACM), Armando Martinez Gómez, dijo que las acusaciones de pederastia son para tratar de denostar a la Iglesia Católica, pero que está comprobado mediante estudios que 80 por ciento de los abusos sexuales ocurren dentro de la familia. ¿80 por ciento? ¿Tan poquito? …me pregunto yo.
La de la institución mexicana de abogados, es una de las pocas voces que se ha levantado en defensa de la Iglesia Católica, pero, ¿y los católicos, qué hacemos? ¿Vamos a continuar permitiendo que se denoste a nuestra iglesia tan impunemente como los Aftonbladet y Expressen de todo el mundo? ¿Vamos a seguir con los brazos cruzados presenciando cómo los medios de comunicación de masas suecos, alemanes, americanos, ingleses, etc., informan a medias la verdad de lo que realmente sucede?
Los medios están tratando de señalar a la Iglesia Católica por estos escándalos. No están tan dispuestos de reportar otros abusos sexuales en otras religiones e instituciones seculares. Lo que es peor, los medios intentan aparecer como héroes, instigando a la gente a rebelarse contra la Iglesia de Cristo. ¿Cómo? No es por lo que le dicen a la gente, sino por lo que no le dicen. Y lo que no le dicen, es el esfuerzo que hace la organización católica de pedir disculpas y recompensar a las víctimas por los daños sufridos, tal y como fue ordenado por las cortes.
Los medios no informan sobre cargos falsos que se hacen contra prelados, como sucedió recientemente en Filipinas contra Teodoro Bacani y Oscar Cruz. La iglesia ha reconocido sus faltas; sería bueno que los medios reconocieran las suyas, porque, después de todo, la única obligación de los medios es escribir la verdad y no la verdad a medias.
Los medios no informan, como lo hizo la BBC de Londres en 1997, que el abuso sexual no es prerrogativa del hombre. La emisora londinense informó que sorpresivamente, a 86% de los supervivientes de abuso sexual no se les creyó cuando relataron que el abusador había sido una mujer. Informó que las mujeres cometían 25% del abuso sexual contra los niños y que 250 mil infantes en el Reino Unido de la Gran Bretaña habían sido abusados sexualmente por mujeres.
La emisora dijo que las mujeres en la sociedad han sido plasmadas como víctimas, pero que en algún rincón de su victimización han aprendido que abusar de niños les proporciona una sensación de poder, control, independencia y, por lo tanto, usan el abuso infantil para lograr esas cosas.
Así las cosas, podemos decir que la pedofilia no es una cosa exclusiva del hombre y, mucho menos del clero católico. La pedofilia no es más que una bandera que utilizan los medios de información para enlodar a la Iglesia Católica, siguiendo la consigna de grupos nazis y organizaciones que, como las promovidas por Hillary Clinton, buscan acabar con la Santa Sede dentro de Naciones Unidas, porque la Iglesia no debe tener representación en el organismo mundial.
La verdad es que, como lo relataremos más adelante, Hillary Clinton promueve la guerra contra la Iglesia Católica por la defensa que ésta hace a la integración familiar y oponerse al aborto.
Si bien es cierto que por mucho tiempo, la pedofilia ha sido trágicamente esparcida en diferentes sectores y varias categorías de personas, incluyendo no católicos, no quiere decir, como dijo el Cardenal Angelo Bagnasco ante los obispos italianos en el Vaticano, que se minimice o relativice la seriedad de los casos de pedofilia dentro de la Iglesia, por lo que es importante reconocer, lo que el llamó, “la extensión general del problema”.
Y los católicos, qué hacemos?
Un hombre de negocios judío, Sam Miller, declaró en el 2003 en el diario Buckeye de Cleveland: “Ya estoy más que harto. Jamás he visto una campaña tan vengativa y vulgar como la que se hace contra la Iglesia Católica como la que he visto en los últimos 18 meses.
“Lo más extraño, es que sucede en Estados Unidos, el país donde se supone existe un respeto mutuo y libertad para todas las religiones.” –dijo.
Miller arguyó que el abuso sexual es más que únicamente un problema católico, aunque leer sobre abusos cometidos en otras religiones no es común. Miller citó el libro “Pedófilos y Curas” (Pedophiles and Priests. Phillip Jenkins, Oxford University Press-1996) que dice que “mientras 1.7 por ciento de la clerecía católica ha sido encontrado culpable de pedofilia, 10 por ciento de los ministros protestantes ha sido encontrado culpable de lo mismo.”
A la luz de este histórico prejuicio, Miller aseguró que en Estados Unidos existe actualmente un orquestado esfuerzo de los medios de denigrar totalmente en todas las formas posibles a la Iglesia Católica.
“Han acusado de la enfermedad de pedofilia a la Iglesia Católica, lo cual es tan irresponsable como acusar del adulterio a la institución del matrimonio” dijo Miller.
¿Por qué los diarios estadounidenses llevan a cabo una vendetta contra una de las más importantes instituciones que se tienen hoy en día en Estados Unidos, llamada la Iglesia Católica, la cual educa a más de 2.6 millones de estudiantes todos los días a un costo mayor de los diez billones de dólares, ahorrando de paso al contribuyente americano unos dieciocho billones de dólares y que además da albergue a dos de cada diez indigentes?
Hacia el año 2000, la Iglesia administraba 408.637 parroquias y misiones, 125.016 escuelas primarias y secundarias, 1.046 Universidades, 5.853 Hospitales, 13.933 centros de acogida para ancianos y discapacitados y 74.936 dispensarios, leproserías, enfermerías y otras instituciones. En total, la Iglesia es responsable de la educación de 55.440.887 niños y jóvenes (más de 55 millones), y dispone de 687.282 centros sociales en todo el mundo.
Los católicos no tenemos nada de qué avergonzarnos. No solamente somos tan buenos como el resto, sino mejores en todos los aspectos.
“La Historia enseña, de manera inequívoca, que es un objetivo destinado al fracaso. Otras épocas de la Humanidad han conocido persecuciones más sañudas contra los católicos, que han sobrevivido a todas desde su renovada fidelidad al Evangelio y a la comunidad fundada por Pedro en Roma, hace más de 2.000 años.
El problema no es, por lo tanto, la destrucción del catolicismo (al fin y al cabo, resistente desde su cuna en el Imperio Romano), sino el avance en la destrucción de lo humano por medio de políticas cada vez más agresivas con la dignidad y la libertad.” (Organización Hazte Oir)
Hillary Clinton no se queda limpia de culpa en toda la suciedad que se divulga contra la Iglesia Católica, pues con sus amigos y aliados, desde que era la esposa del presidente William Clinton, intensificó una campaña internacional contra la Iglesia Católica.
En aquel entonces, una mezcla de grupos feministas, religiosos, ateístas, ambientalistas y marxistas fueron unidos por la Clinton en un esfuerzo para enfrentar la resistencia de nuestra Iglesia contra el aborto, intentó persuadir al entonces Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, de cancelar el estatus de la Iglesia Católica como observador permanente dentro de la organización mundial.
Los grupos siguen trabajando arduamente para lograr su propósito y la Clinton sigue observando como ave de rapiña lista para lanzarse a devorar el cadáver de la Iglesia Católica.
¿Y los católicos, qué hacemos?
Liderada por la Federación Internacional de Paternidad Planeada y un grupo autodenominado Católicos por la Libertad de Escoger, la campaña, llamada “Ver el Cambio”, con más de quinientas instituciones en su registro, incluyendo, claro está, grupos como Ateístas Unidos, Colectividad Rebelde de Bolivia, Mayoría Feminista, Sociedad Internacional de Doctores Abortistas y cientos más, intenta castigar al Vaticano por estar contra el aborto, mediante la exigencia que hace para que la Santa Sede sea eliminada de Naciones Unidas como observador permanente, algo que también tiene Suiza.
La pro aborto, Hillary Clinton, entonces candidato para el Senado estadounidense por Nueva York, no abre mucho la boca, pero en repetidas ocasiones ha pedido ayuda económica para ciertos grupos que patrocinan la campaña anti católica.
?Y los católicos, qué hacemos?
Lo que sucede desde entonces es lo que los sociólogos llamaron “pánico moral” en la década de los setenta, expresión que identifica una alarma social para amplificar hechos verdaderos y exagerar sus números por medio de un folklore estadístico, así como “descubrir” y presentar como “novedades”, eventos que ya sucedieron, que son conocidos y que pertenecen al pasado. Hay eventos reales en la base del pánico, pero su número es sistemáticamente distorsionado.
¿Y los católicos, qué hacemos?
¿Seguiremos con los brazos cruzados como el histórico Tancredo que se mantenía impávido sobre un taburete de 60 centímetros de altura ante la arremetida de un burel? Así pues, “hacer el don Tancredo” se ha convertido en una puya más que se lanzan los políticos cuando acusan al rival de no querer coger el toro por los cuernos.
Conclusión: ¿y los católicos?
Y, a modo de conclusión, digamos que lo peor y más penoso de todo es que los mismos católicos atacan a su propia Iglesia. El católico consecuente, el que adhiere firmemente al Magisterio Eclesial, es criticado y tachado de “fanático” por otros miembros de la Iglesia.
Muchos católicos quieren: un Evangelio interpretado a su manera, como promovió el protestantismo; una vida guiada sólo por la razón y alejada de Dios, como proclamó el racionalismo; una sociedad que desprecie a la religión, como la instaurada por el comunismo; Un Dios impersonal, que no interpele, que no hable al oido, que no juzgue mis actos; como enseña la “Nueva Era”.
Como Moisés, debemos enfrentarnos a la oleada de ataques de que es víctima nuestra Iglesia. Debemos defenderla y poner oídos sordos a aquellos que propagan la falsa imagen de una iglesia excluyente e intolerante.
Debemos propagar la maravillosa e ingente tarea llevada a cabo a través de los siglos, dentro de las limitaciones de toda obra humana a favor de toda la humanidad, por la Iglesia Católica, tan incomprendida, calumniada y combatida.
Esto es lo que los católicos podemos y debemos hacer.
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